El muralista de Omaha Hugo Zamorano viajó a Michoacán para participar en el Año Nuevo Purépecha, uniendo su arte con sus raíces y tradiciones ancestrales.

Por Marina Rosado
Cada pincelada cuenta una historia. Para el muralista Hugo Zamorano, su reciente viaje a Michoacán representa una conexión profunda entre su arte y su herencia cultural. Durante sus visitas a su abuela en Villa Jiménez, Michoacán, Zamorano estableció lazos con el Colectivo Emergente Nación Purépecha (ENAPU), un colectivo artístico con raíces en el corazón cultural de Zacapu. El grupo lo invitó a participar en una celebración llena de vida, brindándole la oportunidad de sumergirse en las tradiciones locales, disfrutar los sabores regionales y plasmar su visión creativa en muros que se convirtieron en lienzos vivos del espíritu del evento.

La cultura purépecha y sus tradiciones

La cultura purépecha, también conocida como tarasca, floreció en el noroeste de Michoacán, dejando un valioso legado de tradiciones que siguen inspirando admiración.

Los días 31 de enero y 1 de febrero, el pueblo de Santa Clara del Cobre fue sede del Kurhíkuaeri K’uinchekua, o Año Nuevo Purépecha, que marca el inicio de un nuevo ciclo agrícola y espiritual.

Las festividades incluyeron música, danza y gastronomía regional en torno al encendido del fuego nuevo, un ritual sagrado en honor a Kurhíkuaeri, el dios del fuego. Esta ceremonia simboliza la renovación y la unión de las cuatro regiones purépechas: Japóndarhu (la Región del Lago), Eráxamani (la Cañada de los Once Pueblos), Juátarisi (la Meseta) y la Ciénega de Zacapu.

El artista y su conexión personal

Agradecido por la calidez de la comunidad de Santa Clara del Cobre, el artista nacido en Los Ángeles compartió: “Me siento orgulloso; es un honor poder pintar en este lugar y aprender más sobre mis raíces”.

A sus 33 años, con murales exhibidos en varias ciudades de Estados Unidos y en Xalapa, Veracruz, Zamorano sabía que debía sumergirse por completo en la cultura purépecha “para comprenderla y representarla verdaderamente”.

Graduado de la Universidad de Nebraska en Omaha con una Licenciatura en Bellas Artes, Zamorano pintó su primer mural a los dieciséis años. Esta experiencia, dijo, fue profundamente enriquecedora, comenzando con las enseñanzas sobre la llegada del fuego viejo, la oscuridad y el paso hacia la luz. “Desde el proceso de elegir el árbol que se cortará para obtener la leña, hasta la bendición de las herramientas, todo es fascinante”, explicó.

Zamorano condujo durante más de 30 horas hasta Michoacán, en una camioneta cargada con pinturas, libretas, una cobija y un saco de dormir. Valió la pena cada kilómetro recorrido. “Me siento honrado de poder salir del país y hacer algo que tiene un significado tan especial para tantas personas”, afirmó.

Preservar el patrimonio cultural

Su colega Marco Antonio Guízar Aparicio, miembro de ENAPU y licenciado en Arte y Patrimonio Cultural, comparte la misma pasión por la preservación cultural. Su trabajo se centra en mantener vivas las tradiciones purépechas y transmitirlas a las nuevas generaciones.

“El fuego nuevo es una de las tradiciones más importantes de Michoacán, tan significativa como el Día de Muertos, porque representa la unión de las culturas originarias, donde todos somos uno”, señaló Guízar, quien participó como muralista por quinta ocasión este año.

Atribuyó el éxito del proyecto a las mujeres y hombres que ayudaron a preparar la huatapera (casa comunal), a la querida figura local José María ‘Tata Chema’ y a la Oficina de la Comunidad Indígena de Villa Escalante.

Graduado de la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán, Guízar añadió: “Acercarse a la cultura siempre es enriquecedor, porque el conocimiento forma parte de nuestra esencia humana, y mientras más cerca estemos de nuestras raíces, más libres seremos”.

En los muros de Santa Clara del Cobre, el arte de Zamorano estalla en color y forma, tendiendo un puente entre su presente artístico y su herencia ancestral. Como el fuego nuevo que se renueva cada año, sus pinceladas reavivan la conexión con sus raíces, iluminando el camino para que las tradiciones purépechas perduren en el corazón de las nuevas generaciones.

Para Zamorano, regresar a México fue un recordatorio poderoso de que honrar nuestras raíces culturales no solo profundiza la expresión artística, sino que también fortalece el espíritu y su sentido más auténtico de pertenencia.

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Durante la Gala de los Premios del Mes de la Herencia Hispana en Omaha, el muralista Hugo Zamorano fue reconocido como Artista del Año por su impacto en la comunidad y su trabajo que une el arte con la identidad cultural. Lee más sobre el reconocimiento aquí.

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