Al menos 12 estados han recibido la aprobación federal para restringir a los beneficiarios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés) el uso de sus beneficios para comprar determinados alimentos, como refrescos y dulces.
Los estados que obtuvieron exenciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos son, en su mayoría, de tendencia republicana. Colorado, Florida, Luisiana, Oklahoma, Texas y Virginia Occidental recibieron la aprobación la semana pasada. Las autoridades federales ya habían otorgado exenciones a Arkansas, Idaho, Indiana, Iowa, Nebraska y Utah a principios de este año.
En el año fiscal 2024, SNAP atendió en promedio a casi 42 millones de personas al mes, lo que equivale aproximadamente al 12% de la población estadounidense que recibe estos beneficios.
Esta tendencia forma parte de la agenda del secretario de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos, Robert F. Kennedy Jr., para “hacer a Estados Unidos saludable otra vez”, invitando a los estados a solicitar exenciones que permitan modificar las reglas de SNAP y limitar los tipos de alimentos que los beneficiarios pueden adquirir.
Kennedy afirmó en un comunicado que SNAP ha utilizado fondos de los contribuyentes para “alimentar las epidemias de diabetes y enfermedades crónicas en Estados Unidos”.
“Estas exenciones ayudan a devolver la comida real al centro del programa y otorgan a los estados un papel de liderazgo en la protección de la salud pública”, señaló el comunicado.
Los críticos de estas exenciones advierten que la política podría perjudicar a personas que viven en zonas conocidas como “desiertos alimentarios”, donde las opciones saludables son limitadas, y privar a los beneficiarios de la capacidad de decidir qué alimentos comprar.
Craig Gundersen, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Baylor, declaró a Stateline que estos cambios podrían afectar la integridad del programa.
“Una de las principales razones por las que SNAP es un programa tan exitoso es porque otorga dignidad y autonomía a los beneficiarios. Les da dignidad al permitirles comprar de la misma manera que sus vecinos, amigos y familiares, y les da autonomía al decirles a las familias: ustedes son quienes mejor pueden decidir qué comprar para su hogar”, afirmó Gundersen.
Gundersen expresó su preocupación de que estas restricciones puedan estigmatizar a SNAP, al que calificó como uno de los programas más efectivos para combatir la inseguridad alimentaria.
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